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Cuba su condena a liberación de terrorista Posada Carriles Declaración del Gobierno Revolucionario
de la República de Cuba
Nuestro pueblo ha conocido con indignación que en horas de la tarde
del día 8 de mayo, la Jueza Kathleen Cardone dispuso la liberación definitiva del
terrorista Luis Posada Carriles y desestimó todos los cargos que el gobierno de los
Estados Unidos había interpuesto en su contra el pasado 11 de enero por fraude y por
mentir en las entrevistas que realizara con el Servicio de Inmigración y Aduanas del
gobierno de los Estados Unidos para obtener su naturalización en dicho país.
En esta ocasión, Cuba reafirma, con más fuerza aún, la condena de
nuestro pueblo a esta maniobra que, como dijera la Declaración del Gobierno
Revolucionario del pasado 19 de abril de 2007, "es un insulto al pueblo cubano y a
los pueblos que perdieron a 73 de sus hijos con el derribo, frente a las costas de
Barbados, de un avión civil de Cubana de Aviación".
En su Declaración del pasado 15 de enero, el Ministerio de
Relaciones Exteriores había dicho que esperaba que "esta instrucción de cargos al
terrorista Posada Carriles por delitos de carácter migratorio de menor entidad, no se
convierta en una cortina de humo para extenderle impunidad por el grave delito de
terrorismo, en un pretexto para seguir ignorando la solicitud de extradición de Posada
Carriles presentada el 15 de junio de 2005 por el gobierno de la República Bolivariana de
Venezuela por su responsabilidad en la voladura del avión de Cubana de Aviación y sobre
la cual no ha dado respuesta todavía".
La secuencia de los hechos desde el momento en que Posada Carriles
ingresara en el territorio de los Estados Unidos en la embarcación Santrina, como
denunciara oportunamente nuestro Comandante en Jefe, demuestra con claridad que todas las
acciones emprendidas por el gobierno norteamericano desde ese momento respondieron a un
plan aprobado por el presidente Bush y diseñado para crear, precisamente, una
"cortina de humo" que impidiese el procesamiento de Luis Posada Carriles como lo
que realmente es: un terrorista.
Al gobierno de los Estados Unidos le habría bastado con aplicar su
propia Ley Patriota y reconocer que la liberación del terrorista "amenaza la
seguridad nacional de los Estados Unidos o la seguridad de la comunidad o de cualquier
persona" para impedir su liberación. Le habría bastado con que su Servicio de
Inmigración y Aduanas decretara que la liberación de Posada Carriles constituía una
amenaza a la comunidad y que se corría el riesgo de que se fugara, tal como dice
claramente la Declaración del Gobierno Revolucionario del pasado 19 de abril.
El gobierno norteamericano dispone de todas las pruebas que se
derivan de su vieja relación con el terrorista y de las que Cuba le ha suministrado en el
año 1998 y en fechas recientes.
La manipulación que ha conducido a este desenlace, la protección
que recibió el terrorista desde su ingreso al territorio norteamericano, su instrucción
de cargos por delitos de menor entidad, los vaivenes en la custodia del terrorista de una
agencia federal a otra y de un tribunal a otro, y, finalmente, la decisión de la jueza
Cardone del pasado día 8 de mayo, muestran que el plan de Washington era, precisamente,
impedir que éste hablara de las acciones vandálicas que cometió contra los pueblos
cubano y venezolano y contra otros pueblos de nuestra América cuando actuaba bajo las
órdenes de la CIA y, particularmente, del padre del actual Presidente de los Estados
Unidos, que dirigió esa agencia de espionaje y subversión del gobierno norteamericano en
los años 1975 y 1976, período en que las acciones terroristas contra Cuba fueron más
violentas y despiadadas, y cuando actuaba como Vicepresidente de los Estados Unidos
durante la década de 1980, período en que se desarrolló la guerra sucia contra el
pueblo nicaragüense.
Pero, quizás, el hecho más ilustrativo de que dicho plan estaba en
marcha, fueron la solicitud formulada al tribunal por el gobierno de los Estados Unidos,
el pasado 27 de abril, de que no aceptara evidencias, testimonios y otras pruebas que
vincularan a Posada Carriles con la Agencia Central de Inteligencia, y la respuesta del
terrorista, quien argumentó que había actuado bajo las órdenes de la CIA durante más
de 25 años, lo que se confirma con el papel que desempeñó como agente de esta en las
acciones del gobierno de los Estados Unidos contra Nicaragua durante la década de 1980.
Con su decisión de no certificar a Posada Carriles como terrorista,
el gobierno de los Estados Unidos no sólo ha violado su propia legislación y el
compromiso que supuestamente adquirió en su autoproclamada "guerra contra el
terrorismo", sino también sus obligaciones internacionales.
El gobierno norteamericano ha vulnerado de manera aviesa, no sólo
la resolución 1373 (2001) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que él mismo
promovió, sino también los tratados sobre terrorismo de que es parte, muy
particularmente el Convenio Internacional para la Represión de los Atentados Terroristas
Cometidos con Bombas, que entrara en vigor el 23 de mayo de 2001, y el Convenio para la
Represión de Actos Ilícitos contra la Seguridad de la Aviación Civil, que entrara en
vigor el 26 de enero de 1973.
De conformidad con dichos instrumentos, el gobierno de los Estados
Unidos debió haber juzgado a Posada Carriles por terrorismo, o haber accedido a la
solicitud de extradición formulada en toda regla por el gobierno de la República
Bolivariana de Venezuela, que a casi dos años de haber sido presentada, sigue sin
respuesta.
Independientemente de cualquier juicio de valor que nos merezca el
dictamen de la jueza Cardone del pasado 8 de mayo, la misma jueza que, en su dictamen
anterior del 6 de abril concedió la libertad bajo fianza al terrorista a la par que
reconoció que a éste se le acusa "¼ de haber estado involucrado en, o de estar
asociado con algunos de los hechos más infames del Siglo Veinte. (¼ ) Algunos de estos
hechos incluyen la invasión de la Bahía de Cochinos, el escándalo Irán-Contras, el
derribo del vuelo 455 de Cubana de Aviación, las bombas de 1997 en centros turísticos de
La Habana y, según algunos teóricos de la conspiración, en el asesinato del Presidente
John F. Kennedy", la total culpabilidad por la libertad de Posada Carriles y la total
responsabilidad por lo que de ella pudiera derivar, recae sobre el gobierno de los Estados
Unidos.
Incluso, la jueza Cardone, en su dictamen del 8 de mayo, dice que
"el centro de este caso no es (¼ ) el terrorismo. Es el fraude migratorio. El
terrorismo y la decisión de si un individuo debe ser o no clasificado como terrorista,
descansa en la discreción de la rama ejecutiva" y agrega que no está dispuesta a
dar solución a lo que califica en su dictamen como "una papa caliente" para el
gobierno norteamericano.
Asimismo, el propio dictamen de la jueza Cardone, en otra de sus
partes, deja claro el absurdo de que, de haber sido procesado por fraude y por mentir en
un proceso de naturalización, cargos que debían haber sido juzgados el próximo 11 de
mayo, la condena máxima de que habría sido acreedor el terrorista era de entre seis y
doce meses de prisión, que ni siquiera habría cumplido.
La actuación del gobierno de los Estados Unidos y este desenlace,
forman parte del compromiso permanente del actual inquilino de la Casa Blanca con la mafia
terrorista cubanoamericana de Miami, y tiene un sospechoso paralelo con la liberación del
terrorista Orlando Bosch cuando el padre del actual Presidente dirigía el gobierno
norteamericano.
Esta nueva desvergüenza es congruente con los actos de un gobierno
que, en su momento, se negó a deportar a Posada Carriles a Cuba o a Venezuela porque en
nuestros países, según ellos, "sería torturado", mientras mantiene su
prisión en la porción del territorio ocupado a Cuba en Guantánamo y mantiene prisiones
secretas a lo largo y ancho del planeta donde se cometen los actos más aberrantes e
inhumanos.
Para el pueblo cubano es inaceptable que hoy se deje en libertad al
terrorista más notorio y sanguinario que jamás ha existido en este hemisferio y
permanezcan en cruel e injusta prisión cinco jóvenes cubanos cuyo único delito ha sido
el de luchar contra el terrorismo.
No podemos dejar de recordar que, en sus reflexiones publicadas el
pasado 8 de mayo, nuestro Comandante en Jefe alertó, una vez más, que la impunidad
estimula el terrorismo, y dijo que "bastó la insólita liberación del conocido
terrorista, y de nuevo la muerte visitó nuestros hogares".
Al presidente Bush se le acaba el tiempo. Perdió la oportunidad de
mostrar aunque fuera un ápice de dignidad, vergüenza y ética. El clamor de los pueblos
contra esta decisión será indetenible. Los secretos que Posada Carriles conoce saldrán
a la luz pública más tarde o más temprano y el gobierno norteamericano tendrá que
responder por su doble moral y su falta de voluntad política para luchar en serio contra
el terrorismo.
Habrá que ver ahora qué hace la Casa Blanca, que aún tiene la
opción, en cumplimiento de sus obligaciones internacionales, de detener a Luis Posada
Carriles y extraditarlo a la República Bolivariana de Venezuela para que responda por sus
crímenes.
La Habana, 9 de mayo de 2007 |