Con la decisión judicial de desestimar los
cargos por fraude migratorio contra el terrorista Luís Posada Carriles, el siniestro
personaje se convierte en un ciudadano completamente libre y se consuma un colosal
escarnio que pone en crisis profunda al ya controvertido sistema judicial norteamericano.
De este modo, un tanto inesperado, el tribunal ha pasado "la
papa caliente", término empleado por la jueza federal en su fallo, a la cancha del
gobierno, quien deberá enfrentar las numerosas y espinosas aristas del caso, ahora sin
los complejos malabares compartidos durante dos años con los encargados de administrar
justicia.
Aunque la nueva situación no excluye, al menos en teoría, un giro
favorable al encauzamiento de Posada por algunos de sus más graves y conocidos crímenes,
reafirma el carácter eminentemente político que ha tenido desde siempre.
Todo apunta, por lógica, a la Casa Blanca, sitio desde el cual se
han estado moviendo los hilos de esta conspiración, de tal suerte que al menos,
formalmente, hasta ahora, no se vieron precisados a revelar y admitir sus nexos con la
sangrienta historia.
La jueza Kathleen Cardone, en su fallo a favor de la liberación de
Posada expresó claramente que el Gobierno manipuló el sistema judicial y es a la Casa
Blanca a quien corresponde encausar al terrorista.
José Pertierra, representante de Venezuela para la solicitud de
extradición, dijo a TELESUR, que el fallo de 38 páginas emitido por la Cardone evidencia
que está molesta porque le presentaron un caso de un individuo que muchos piensan que es
terrorista, pero el Ejecutivo no ha tenido el coraje ni los principios para certificarlo,
y ella no quiere prestarse a eso.
En las declaraciones, Pertierra consideró que la jueza comprendió
que desde un inicio el Gobierno lo manipuló todo.
Resulta evidente que este caso saltó a los planos de la Unión y
Bush hijo deberá emplearse a fondo y hacer uso de todas sus prerrogativas para tratar de
" torear " el problema sin implicar a Bush padre, hundido hasta el cuello con
las fechorías de su superagente.
La tarea del Presidente, obviamente, no resulta nada fácil, pues
además de tratar de salvar a papá, deberá explicar y convencer a no pocos, en el propio
Congreso, en la opinión pública norteamericana y mundial, de la protección brindada al
criminal, aun a costa de comprometer la seriedad de la estratégica cruzada antiterrorista
decretada tras el trágico 11 de septiembre.
Pero como sí estos propósitos no fueran bien difíciles de
alcanzar, estará obligado a actuar sin perder de vista la impensable posibilidad de
sacrificar a Posada, pues de hacerlo enfrentará la hostilidad de la mafia de origen
cubana asentada en Miami, a quien debe en gran medida su " elección " del 2000
y otros favores.
Más complicado será el escándalo que explotará en el centro
mismo de la Oficina Oval, si Posada, como es seguro, dice todo lo que sabe sobre la
participación de Bush padre en el Iran-Contra y en el tenebroso Plan Condor, responsable
de miles de asesinatos y desapariciones en varios países latinoamericanos.
Entre los " trapos sucios " que serán aireados están los
relacionados con los asesinatos de Orlando Letelier y su asistente norteamericana Ronni
Moffit; el del general chileno Carlos Prats; las relaciones carnales del entonces director
de la CIA con Augusto Pinochet, la Junta Militar Argentina y otras tiranías
latinoamericanas de la época.
Entre la espada y la pared Posada, maestro de mafiosos, no vacilará
en hablar hasta por los codos sobre las gestiones de Washington para lograr su indulto,
junto a sus iguales Guillermo Novo Sampoll, Pedro Crispín Remón y Gaspar Jiménez
Escobedo a cargo de la mafiosa ex presidenta panameña Mireya Moscoso.
Todo indica que ahora, después de algo más de dos años de
manipulaciones, mentiras, presiones mutuas y alguno que otro montaje para ganar tiempo con
la esperanza de que la papa se enfriara, asistimos al verdadero comienzo de todo, quiere
decir, que los implicados tendrán que responder en el plano político.