El terrorista internacional Luis Posada
Carriles, tocado por la varita bruja de rejuegos leguleyos originados en la Casa Blanca,
quedó libre por decisión de una jueza en El Paso, Texas, cansada de que el gobierno de
su país siga manipulando el caso.
La magistrada Kathleen Cardone se niega a sostener la granada de
estiércol sin espoleta que en cualquier momento revienta en la cara del propio presidente
George W. Bush.
¡Escándalo! El autor de numerosos crímenes, que solamente había
sido acusado por mentir a inmigración, puede festejar en las calles de Miami la decisión
de desestimar los "carguitos pendientes", que lo habrían llevado a un juicio
intrascendente el 11 de mayo, pero que ya no tendrá lugar.
Con su decisión, escrita en 38 páginas, Cardone mandó un mensaje
implícito a la administración de W. Bush que podríamos traducir en estos términos: O
lo acusan de lo que es, un terrorista, o se embarran ustedes mismos en su propia melaza y
asumen la responsabilidad de que ande suelto.
El dictamen implícitamente subraya lo que hace rato está a la
vista del mundo, menos del seguimiento noticioso al que estaría obligada la gran prensa
norteamericana: La complicidad clara y oportunista de la Casa Blanca con uno de los
autores principales del sabotaje a un avión cubano, donde murieron 73 personas en el año
1976 frente a las costas de Barbados.
¿Por qué? Porque la Fiscalía de Estados Unidos, en
representación del Gobierno, tiene la obligación de encausar a Posada por lo que es: Un
asesino, y no lo ha hecho.
Las pruebas circulan libremente y hasta han sido reveladas en
documentos oficiales de la propia Agencia Central de Inteligencia (CIA) a la que el
criminal sirvió durante tres décadas, incluido especialmente el lapso en que la dirigió
George H. Bush, padre del actual mandatario.
¿Qué no lo quiere juzgar en EE.UU.?, pues que lo deporten a
Venezuela, cuya ciudadanía ostenta el ex jefe de la Dirección de Servicios de
Inteligencia y Prevención (DISIP) venezolana, autor allí de incontables fechorías que
aguardan también por debido proceso judicial.
¿Por qué no lo deportan? Que nadie se engañe. No es por temor a
que el "ancianito Posada pueda ser torturado", como falsamente alegan los
plañideros amanuenses de la Secretaria de Justicia de USA., sino porque un verdadero
juicio por terrorista y asesino amplificaría las pruebas de su vinculación y dependencia
con la CIA y otros gobiernos estadounidenses.
En ese caso, los norteamericanos y el resto del mundo llegarían a
saber. Inequívocamente, que el actual mandatario George W. Bush, por intereses personales
y partidistas, ha estado protegiendo a Posada y a muchos más de igual calaña que se
hospedan en Miami con licencia para delinquir, igual a lo hecho antes por su papá.
En realidad se trata de una práctica colegiada de la extrema
derecha fundamentalista que lleva las riendas ejecutivas en Estados Unidos, de la cual
forma parte papá George H. Bush, director de la CIA cuando en la propia Norteamèrica
fueron asesinados el ex Canciller chileno Orlando Letelier y su norteña secretaria.
El mismo papá H. Bush --sucesor en la Oficina Oval de Ronald
Reeganperdonó a Orlando Bosch, coautor del atentado al avión de Cubana, al
término de su período presidencial entre 1989 y 1993, y posibilitó a muchos otros
terroristas de origen cubano actuar impunemente contra Cuba desde el sur de la Florida.
La hoja de servicios del derechista papá, de 83 años de edad,
Presidente número 41 de EE.UU., como hoy la de su hijo, incluye haber declarado la guerra
a Iraq y bombardeado a ese país al término de su mandato, con intenciones de capitalizar
su "hazaña" con un segundo periodo presidencial, que no consiguió.
Libre por el momento de comparecer en juicio, Posada podría tomar
un avión fantasma y desaparecer del entorno para autoexiliarse en cualquier paraíso que
le proporcione el propio Gobierno, o sus compinches, antes de que la Fiscalía reaccione y
apele la decisión de la Cardone para seguir dilatando la farsa.
De todas formas se trata de una película triple X, al estilo Made
in Hollywood, en la que cualquier final puede ocurrir. La diferencia está en que el hedor
de Posada, vivo o muerto, ha impregnado al clan Bush y su cohorte, al punto de que no
tendrán forma alguna de lavarse y los perseguirá hasta después que bajen a la fosa
común de la madre Tierra.