¡Larga
vida, inmenso roble!
Por Ángel Rodríguez Álvarez
Servicio Especial de la AIN
Este 13 de agosto el presidente Fidel Castro Ruz cumple ocho décadas de
vida, seis de ellas dedicadas a la emancipación y desarrollo de la nación cubana y a
brindar apoyo a los pueblos del llamado Tercer Mundo.
Resumir lo más sobresaliente de esa fértil existencia no resulta sencillo, pues muy
diversos pueden ser los aspectos a destacar, dados los méritos revolucionarios acumulados
desde el momento en que, muy joven, cual Quijote moderno, encabezó la lucha contra la
tiranía de Batista y condujo a sus compatriotas a la victoria de enero de 1959 hasta
nuestros días.
Mucho puede escribirse de su proverbial dedicación a la causa de los humildes; de su
honradez; lealtad y el apego a los principios y la transparencia como gobernante, en una
época en que la corrupción está de moda.
Bien se puede tratar también sobre la claridad, rigor y alcance de sus ideas en un
momento de grandes confusiones ideológicas.
Y con el riesgo de importantes omisiones vale resumir los más descollantes momentos que
lo han tenido como protagonista.
El ataque a los cuarteles Moncada y Carlos M. de Céspedes el 26 de julio de 1953, con los
cuales inicio la lucha armada contra la tiranía proimperialista de Fulgencio Batista,
acción que por su audacia ha sido considerada como heroico intento de tomar el cielo por
sorpresa.
A ello seguirá, su alegato de autodefensa durante el juicio por los sucesos del 26 de
julio, conocido como La Historia me Absolverá, convertida en concepción programática de
la lucha de liberación nacional.
Después vendría el período de la cárcel y la intensa labor organizativa del
movimiento revolucionario, a la que se sumará, sin tregua, el exilio y la preparación de
los futuros guerrilleros en México para dar seguimiento a la obra.
La expedición en el Granma, la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, de riesgos,
privaciones y sueños, desbordada y extendida más allá del negativismo de muchos,
vencedora de mitos y prejuicios y portadora de la llama de la libertad.
Y llegó el primero de enero victorioso, preñado de esperanzas y peligros incontables y
anunciador de un largo camino, emprendido sin vacilaciones a pesar de estar persuadido de
que en lo adelante, como vaticinó al entrar en La Habana el ocho de enero de 1959, todo
sería más difícil.
Sin pedir ni dar tregua, y sin medir el poderío del enemigo, como solo hacen quienes
están ganados por la fe y confianza en el pueblo y su futuro, promovió alfabetización,
reforma agraria, recuperación de recursos nacionales ¡y socialismo! construido en las
mismas narices del imperio.
Uno tras otro, enfrentó los impresionantes molinos de viento imperiales con sus
amenazantes aspas: Lucha contra bandidos, Girón (Bahía de Cochinos), Crisis de Octubre,
guerra económica y cientos de planes de atentados, provocaciones, calumnias, amenazas y
agresiones, y todo eso sin dejar de brindar generosa solidaridad internacionalista a los
pueblos de Africa, Asia y América Latina.
Mención aparte merece la firme e inteligente conducción del país durante el llamado
período especial, aguda crisis económica provocada por el derrumbe de la comunidad
socialista, cuando para muchos, amigos y enemigos, parecía llegado el fin de la historia
y hacían oídos al canto proclamado desde Washington.
Sin desmayo y sin ceder jamás a uno solo de los principios, mantiene la batalla
simultánea en escenarios diversos contra el bloqueo norteamericano reforzado, la Ley
asesina de Ajuste Cubano; los publicitados planes injerencistas y anexionistas de una
administración trasnochada y fascista en EE:UU, y por el regreso de los Cinco
compatriotas injustamente encarcelados en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo
contra Cuba.
En tales circunstancias la respuesta fue, una vez más, la de los grandes: la
estratégica Batalla de Ideas, como el camino claro y recto para alcanzar la cultura
general integral y el desarrollo socio-cultural indispensable para lograr la sociedad de
justicia y equidad.
Faltan en esta apretada síntesis otros muchos triunfos e incluso reveses convertidos en
victorias, pues resulta imposible abarcarlo todo, principalmente cuando se pretende
esbozar la vida de quien ha sostenido el principio martiano de que toda la gloria del
mundo cabe en un grano de maíz.
Pero es inevitable y la pluma del profesional cede ante el reclamo del corazón para
desearle, como parte de un coro de millones de cubanos y humildes de este mundo, ¡Larga
vida, inmenso roble!
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