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CRÓNICA INCONCLUSA SOBRE LA MUTILACIÓN DE UN ÁNGEL


Por Madeleine Rodríguez Pernas
Servicio Especial de la AIN

   Entre los recién otorgados Premios Pulitzer de periodismo en Estados Unidos, como mejor fotografía del año resultó elegida la realizada por Deanne Fitzmaurice, una profesional cuya sensibilidad la hizo apuntar el objetivo de su cámara hacia un niño iraquí que dibujaba.      
  
   El hecho no movería más que a la reflexión en torno a cuánta maestría y dominio de la técnica supone el ser acreedor del famoso lauro, si no fuera porque...

   ...Saleh, el pequeño que permitió a Fitzmaurice pasar de ser una divulgadora de noticias a ser noticia ella misma, perdió ambos brazos durante un bombardeo perpetrado por la aviación norteamericana contra la ciudad donde vivía.

   Por si fuera poco, el niño presenta quemaduras en gran parte del rostro y se sospecha que perdió a toda su familia durante el mismo ataque.

   A pesar de no tener ya manos, Saleh ata los creyones y lápices a los muñones que rematan sus brazos.


   Pero no solo el cuerpo de Saleh es víctima de horribles laceraciones; también su mente ha experimentado daños permanentes y quizás por ello solo acierta a dibujar los aviones que arrasaron su casa.

   Ello es tal vez un intento de explicarse a sí mismo por qué le sucedió esta desgracia, a pesar de no saber a ciencia cierta el significado de la palabra terrorismo, o qué son las armas de destrucción masiva y mucho menos los
tan llevados y traídos daños colaterales.  

   Con seguridad el desasosiego del niño aumentará cuando tenga conciencia de que, en cierta medida, es un afortunado si se  compara con los cientos de sus pequeños compatriotas víctima fatales de los reiterados ataques de tropas
estadounidenses a poblaciones civiles iraquíes.
   O cuando sepa que miles de sus coetáneos resultaron tan o más mutilados que él, pero no fueron trasladados a un moderno hospital de la ciudad norteamericana de San Francisco para—al decir de algunos medios de ese país-- “tratar de restaurarle un poco la felicidad” a su arruinada existencia.

   Paradoja la de un país cuyo gobierno se arroga el derecho de cometer atrocidades como la mutilación de Saleh y donde luego se premia la obra que deja constancia gráfica del cataclismo que el Imperio más poderoso del planeta
ocasionó a ese pequeño.

   Asombra que no hayan otorgado alguna mención especial de los Pulitzer a las imágenes de los prisioneros torturados en la cárcel de Abu Ghraib.

   Es muy posible que las fotos de la soldadesca divertida y risueña entre reos desnudos y aterrorizados no acumularan valores suficientes en lo que a técnica se refiere, aunque estremecieron a la humanidad cuando aparecieron en las primeras planas en los principales órganos de prensa del mundo.

   Pero sí revelaron la naturaleza genocida de la invasión yanqui al país árabe, y todas ellas—más otras muchas que servirían para conformar un dossier interminable-- muestran cuántos crímenes de lesa humanidad se cometen en
nombre de la sacrosanta libertad y democracia promovidas por Washington.

 /2005